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Atravesando el Tubo

Uno de los aportes más utilizados en productividad del libro Fluir es el concepto de flujo. Y ¿qué es esto del flujo? Pues es un estado de la mente (o de la persona) en el que:

  1. estás al 100% en una actividad
  2. el trabajo se realiza a toda velocidad
  3. y con aparente poco esfuerzo.

Lo hemos tenido que experimentar alguna vez y es muy habitual en niños (sobre todo menores de 6 años). Y al igual que para los niños (ya lo comentaba en fluir en familia) nos permite pensar en una estrategia para las tareas de nuestro día a día:

  1. Objetivos Claros. La meta tiene que estar bien definida. Cuando ves esa tarea en tu lista, ¿está claro lo que tengo que hacer?
  2. Concentración. Necesitamos atención al 100%, enfocados en esa tarea y buscando nuestras condiciones óptimas de concentración. ¿Tengo lo que necesito para  trabajar al 100%?
  3. Evaluación. Necesitamos desarrollar una capacidad de autoevaluación continua sobre nuestras tareas. ¿Va todo bien, necesito cambiar algo?
  4. Equilibrio Reto/Habilidad. La tarea es suficientemente compleja para que sea interesante pero no tanto como para que sea imposible terminarla. ¿Tengo todas las habilidades necesarias o necesito adquirir alguna?
  5. Disfrutar. Encontrar el nivel de desafío y reto de la tarea desde nuestras necesidades. ¿Encontraré la forma de disfrutar?

Uno de los puntos clave, y también una de las grandes dificultades, es la motivación. Y aunque la motivación es un tema muy complejo parece claro que tener una motivación intrínseca, es decir, que salga de uno mismo, es lo que te permite fluir. Si la motivación es totalmente externa es muy complicado disfrutar. Y ya sé que esto es lo habitual. Todos tenemos alguien que nos ordena o una realidad que nos obliga. ¿Qué hacemos entonces? Pues procesar esa motivación externa, pasarla por nuestro filtro interno y definir nuestra estrategia. La idea es encontrar (¿crear?) el reto, el desafío en una tarea que, a priori, era obligatoria y externa.

Volviendo a la estrategia de los niños, habrás visto que difícilmente aceptan motivaciones externas (por las buenas). Es un proceso. Le pones un reto (p.ej pasar por un tubo más estrecho que él), se lo piensa un ratito (por eso la ansiedad es un enemigo del disfrute) y define su estrategia:

  1. ¿sé lo que voy a hacer?
  2. ¿estoy sin hambre, ni sueño, ni ruido, ni...?
  3. ¿seré capaz?

Y quizá no lo tenga claro al 100%. Pero, si se dan estas condiciones, lo va a intentar. Y, si es capaz por sí mismo, de empezar, de encontrar su desafío, comenzará a jugar. Y ahí surgirá su capacidad de evaluación (resolver los problemas que encuentre) y de redefinir sus metas (¿me pongo de pie, voy a gatas, me agacho? ¿Lo hago rápido, más despacio?). Y a lo mejor se lo pasa muy bien y lo repite 100 veces, o no, y pasará a otra cosa. Para los niños es generalmente fácil (en condiciones normales) pero no tanto cuando somos adultos. Y tú me dirás, es que los niños no tienen responsabilidades. Y es verdad. Pero resulta que parece que no es tanto un problema de la actividad sino de la persona (y nuestra capacidad de interpretar la realidad). En la motivación muchos de los componentes están fuera de lo racional. Los adultos creemos que lo pienso, lo hago porque tengo la disciplina y ya está. Y no es tan fácil. En realidad es un entrenamiento que, de hecho, deberíamos estimular desde pequeños.

En el libro se plantean varios ejemplos de personas adultas, que son capaces encontrar disfrute en actividades externas. Uno curioso es el de una persona que hacía clavos en una fábrica. 5 días a la semana, 8 horas sin parar. No parece la actividad más gratificante, ni una tarea para disfrutar, pero esa persona logró encontrar su manera de fluir (voy a hacerlo más rápido, voy a terminar de otra forma, voy a contar cuantos clavos, voy a disminuir los defectos ... ). Hay personas que, a pesar del esfuerzo, parecen estar realmente disfrutando de lo que hacen. Y otras, por muy creativo o interesante que parezca el trabajo, no son capaces.

Estas personas han desarrollado lo que se llama la personalidad autotélica, es decir, pase lo que pase, son capaces de encontrar una forma de convertir esa realidad en una experiencia gratificante. Objetivos claros, trabajando al 100%, pendiente de la evolución del trabajo, con todo lo necesario para completarlo y disfrutando. Tareas que fluyen. Personas que fluyen.
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