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Artículo sobre mi experiencia en Catuche, el original fue publicado en la revista SIC del Centro Gumilla en el año 1999 (Archivo PDF )

A ustedes, queridos lectores, les resultará al menos un poco raro el título de este artículo, y supongo que aún más extraño les parecerá atender a la experiencia personal de un español, o voluntario, o musiu o lo que sea, en un país como Venezuela, y más concretamente en su trabajo en Catuche. Solamente les quiero contar muy brevemente el relato de un encuentro entre dos mundos, tan diferentes y tan maravillosos los dos. Entre estas páginas de teólogos, economistas, sociólogos, politólogos y gente especializada en el análisis de una realidad tan compleja como la de Venezuela, solo quiero aportar un simple análisis de mi encuentro con la gente de Catuche. Son muchos los nombres, y las personas, pero lo que quiero remarcar es el hecho del encuentro como tal. Y el único mensaje que quiero transmitir es una invitación a acercarse, a encontrarse con otra realidad, a ver qué hay más allá de donde yo estoy.

Yo era un orgulloso españolito, con su vida más o menos “resuelta”, cargado de ilusión y ganas de comerse el mundo, de transformar el sistema, las relaciones injustas, la estructura que oprime y crea pobreza y un discurso muy bien estructurado sobre las teorías del desarrollo, metodología de proyectos y análisis de la realidad. Eso fue hace tres años, y durante este tiempo solamente me he dado cuenta de que tengo miopía, y bastante fuerte. Sí, sí, miopía, es decir, no veo bien de lejos, sólo veo lo que está cerca de mí. Sólo tuve que entrar por Catuche (que significa Guanábana en lengua Caribe) ahí por Guanábano y caminar despacito subiendo la quebrada, e ir escuchando a esfuerzos, logros y problemas... También se ven personas viviendo y creciendo en un lugar que les aseguro que yo pensé que no existía, y aún así, se crece, se evoluciona, se lucha... A mí esto me llegó para ver que la realidad no es tal cual yo la creía.

Simple miopía...

Los que tenemos miopía sabemos bien que no es tan grave, simplemente no vemos bien de lejos, pero podemos vivir tranquilamente. Eso sí, tiene dos inconvenientes: cada vez van a más las dioptrías, y no se ve la realidad tal cual es, ni lo bueno ni lo malo. Los miopes además, pensamos que el mundo es sólo lo que vemos, y que esas manchas borrosas que hay a lo lejos, no son, por ejemplo, árboles con ramas, frutos y raíces, sino sólo unas manchas verdes y marrones. Se puede vivir perfectamente suponiendo eso, ¿no?

En mi caso, yo pensaba que todo el mundo era el mío, el que yo veía de cerca.

Escrito por Cesáreo el 28 Jul del 2006 ( hace 8 años y 3 meses)
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