Verónica, la sicóloga encargada del centro nos estuvo explicando su funcionamiento y con un sistema terapéutico que les está funcionando muy bien. El proceso, así de forma básica es la siguiente:
Por lo tanto, una persona en más o menos dos años puede rehabilitarse de su dependencia y tomar control de su vida. O al menos tiene su oportunidad. He tenido contacto con este tipo de proyectos, especialmente el de un amigo mío y no deja de sorprenderme que con un adecuado trabajo terapéutico cualquier persona, si quiere, puede transformar su vida y la de su contexto vital.
Seguramente no todo es tan perfecto y los detalles son complicados pero en cualquier caso, nos demuestra la oportunidad que todos tenemos continuamente de mejorar nuestra conducta. Para eso tenemos toda una vida.
Pero esta no es la razón que me llevó a escribir sobre este tema. La razón es la historia, en parte trágica y en parte llena de vida, de Morris Bertozzi, el máximo responsable del proyecto. No encontré mucho en Google pero es una historia que debería tener más publicidad. Y esto es mi granito de arena.
Su muerte (noticia en inglés/en español) probablemente obedezca a las raras razones que tiene la providencia al cuidarnos y a las imprudencias y dejadez que tenemos los humanos (¿porqué no construir puentes que protejan de las lluvias de todos los años?). Es difícil de entender que esta persona de 36 años, que durante 11 fue transformando la realidad que le tocó vivir, murió así.
Supongo (yo no lo conocía de nada) que transformó la realidad de su familia, de su hija bautizada el día anterior y nacida hacía una semana, o su esposa a quien conoció en Bolivia, con quien se casó y que sigue vinculada con su trabajo.
Y sobre todo, supongo que transformó la realidad de tantos y tantos niños de la calle, los que en su velorio llegaron con su Cristo roto encontrado en la basura, huérfanos ese día de padre. El padre que nos devuelve la dignidad. Una historia dramática, pero al final hubo que decirle adiós
Un trabajo social de esta envergadura es evidente que necesitó del apoyo en recursos de muchas instituciones y de personas con mucha cabeza (y corazón). Vidas y vidas, especialmente la de esta persona, que según creo era el líder del proyecto.
Es increíble la idea genial para la sostenibilidad de las personas y el proyecto. La disponibilidad de varios restaurantes y heladerías en La Paz o Santa Cruz llamados Rinascimento o Trattoria. Es muy recomendable visitar el restaurante Trattoria, en el Bajo Lipari, cerca de su casa de internamiento. De esta manera se apoya la sostenibilidad del centro, y sobre todo la sostenibilidad de la persona, después de su proceso de rehabilitación. En fin, una verdadera revolución, una más en la revolución de los humildes.
Al final, gracias a esta vida, sabemos que otro mundo es posible.
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